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Fomentar la creatividad y financiar emprendimientos, algunos retos de la Economía Naranja

El Presidente dijo que el Alcalde Mayor de Bogotá “ha tenido voluntad política para cambiar la ciudad”, y destacó la futura transformación del Bronx en Distrito Creativo.

Hace 50 años en Medellín existía un teatro con capacidad para 4.000 personas, el séptimo más grande del mundo; cuatro disqueras exportaban música tropical, dentro y fuera del país; una editorial (De Bedout) le enseñaba a leer los colombianos y una cooperativa de impresores y papeleros lideraba las exportaciones nacionales.

Así lo recordó el gestor cultural Jorge Melguizo en un encuentro reciente en Medellín sobre la política naranja, un fenómeno que no se debe entender como una novedad: toda esa lista ya se consideraba como economía naranja, aunque no se le llamara así.

El término se refiere, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), al “conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios, y cuyo valor puede estar basado en la propiedad intelectual”.

En el mismo escenario del gestor cultural, la ministra de Cultura, Carmen Inés Vásquez, dio su definición: “Es una oportunidad para que el talento y la creatividad del país puedan transformarse en bienes y servicios culturales en condiciones habilitadoras, para que sean sostenibles”.

No incluye solo la cultura, pensando en cine, televisión, música o libros. También caben moda, diseño, artesanías, arquitectura, publicidad, agencias de información, tecnología e innovación. Es más, el turismo cultural hace parte del paquete. Según el Dane, las actividades artísticas de entretenimiento y recreación aportaron 20,7 billones de pesos al PIB en 2018, lo cual representa el 2,4 %, sin incluir el turismo y tecnología. La meta del Gobierno es que a 2022 el impacto sea del 7 % del PIB.

Contexto

Desde 2000 el Ministerio de Cultura ha estudiado estas industrias. Su antecedente está en el concepto de “economía creativa” acuñado por John Howkins, autor del libro La economía creativa: transformar una idea en beneficios(2001).

Esa fue la base sobre la que Iván Duque y Felipe Buitrago escribieron en 2013 el libro La economía naranja, una oportunidad infinita, base de la actual política. En 2017, mientras era senador de la República, Duque promulgó la Ley Naranja (Ley 1834), aprobada con 80 votos a favor y cinco en contra.

La Ley definió la hoja de ruta para fortalecer y monetizar las industrias creativas (aquellas actividades que usan la creatividad y el talento para generar riqueza). A partir de ahí, se han implementado estrategias focalizadas en cada sector, definidos en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) y en la Ley de Financiamiento.

El anuncio más reciente fue la delimitación de las Áreas de Desarrollo Naranja (ADN), espacios territoriales donde las alcaldías podrán definir las actividades culturales y creativas a desarrollar, así como los beneficios normativos y tributarios a los que se podrá acceder.

En el caso de Medellín, a través de la secretaría de Desarrollo Económico y Cultura, se definirá en el segundo semestre qué área estaría destinada. Se ha evaluado la zona del Perpetuo Socorro, por su ubicación estratégica y entidades privadas vinculadas, como Comfama y Mattelsa.

Incentivos para los creativos

Este Gobierno ha hecho especial énfasis en el apoyo al sector naranja. De hecho, el PND para el próximo cuatrienio, aprobado el 2 de mayo, es el primero en incluir bases para el fortalecimiento de las industrias creativas y para los emprendimientos que surjan (ver Presupuesto).

“Hay una alta informalidad en los trabajos creativos y una alta dependencia del sector público”, dice Lina Vélez, presidente de la Cámara de Comercio de Medellín. Sin embargo, el Gobierno está convencido de que estos pueden convertirse en generadores de ingresos propios y de empleo.

Por eso, en la Ley de Financiamiento aprobada a finales del año pasado se estableció que las empresas dedicadas a actividades naranja estarán exentas por siete años del pago del impuesto de renta. Este beneficio es vigente, siempre y cuando estas generen como mínimo tres puestos de trabajo y acrediten montos mínimos de inversión por 150,7 millones de pesos en tres años (ver Incentivos).

De hecho, al cierre del primer trimestre de este año, Confecámaras reveló que de las 96.914 empresas registradas en el país, el 42,6 % son compañías de arte y entretenimiento. Es decir, unas 42.563 nuevas iniciativas quieren montarse al tren naranja.

Créditos

No solo es crear la empresa, también hay que pensar en cómo financiarla. Al menos al 60 % de los emprendedores les preocupa este aspecto para sacar adelante sus ideas. Por eso, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT), a través de INNpulsa, Bancóldex, entre otros, da alternativas con plazos mayores y tasas menores para quienes emprendan en el sector creativo.

Bancóldex lanzó en noviembre pasado la primera emisión de bonos naranja y logró una demanda de 867.000 millones de pesos, la entidad colocó 400.000 millones, con 322 inversionistas, de los cuales 201 adquirieron títulos.

Los recursos de estos instrumentos están destinados a financiar o refinanciar, vía crédito, actividades y proyectos de empresas vinculadas a la economía naranja e industrias creativas. Los préstamos pueden solicitarse a través de los intermediarios financieros como bancos, corporaciones y entidades especializadas en microcrédito.

“El objetivo era recoger recursos hasta 300.000 millones de pesos, pero hubo tanta demanda que llegamos hasta los 400.000 para poder generar créditos naranja”, dijo el MinCIT, José Manuel Restrepo.

Además “viene en camino, de la mano de la Bolsa de Valores de Colombia e INNpulsa, un programa de crowdfunding en el que buscamos que las pequeñas empresas puedan acceder a recursos”, añadió él.

Retos

Paula Trujillo, especialista y gestora en el mundo de la Economía Creativa y actual gerente del Creative Hub Perpetuo Socorro, de Comfama, señala que el hecho de que la cultura esté en el centro del debate genera una enorme ilusión: “Ahora la expectativa es cómo esa política pasa a la realidad, en resultados concretos”.

De todas maneras, el sector cultural es inestable y, contrario a otros, necesita ayuda para su sostenibilidad. Eso preocupa a varios. A pesar de que la Ley de Espectáculo Público, por ejemplo, le ofrece a las artes escénicas mecanismos para la adquisición de bienes, para hacerla efectiva es necesario que la contraparte quiera vender: un camino que puede ser más sencillo con el modelo naranja.

“La situación para los que trabajan en el mundo del arte y la cultura es tan inestable que siempre se invita a recurrir a la creatividad”, dice el fotógrafo Juan Fernando Ospina, director del periódico Universo Centro.

Por otro lado, es necesario que los incentivos y alcances de la economía naranja lleguen a todos los rincones del país. Juliana Barrera, directora de Lado B, consultora de economía creativa, indicó en septiembre de 2018 que el 70 % de los ingresos del sector están concentrados en Bogotá. Medellín puede tener entre el 14 % y el 15 %. Cali, un 8 % o 9 %; Barranquilla, un 4 % o 5 %.

Descentralizar, fomentar la creatividad, financiar emprendimientos, hacer alianzas, abrir mercados y divulgar la normatividad son algunos de los retos que tiene esta política cultural y creativa.

La oferta cultural es jugosa, pero hace falta exprimir bien la naranja para saber qué tanto jugo se le puede sacar.

EL COLOMBIANO