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Los militares llevan décadas jugándosela por los civiles

Yo sé que es un tema para coger con pinzas. Así y todo, aquí vamos.

Excelente la decisión del Congreso de darle el visto bueno al ascenso del general Nicacio Martínez, actual comandante del Ejército.

Desde luego que pocos capítulos de Colombia han sido tan oscuros como el de los “falsos positivos”, o la ejecución extrajudicial de civiles a manos de militares corruptos.

Sin embargo, yo no le jalo al hecho de pretender acabar con la vida de un militar íntegro por un malentendido.

Uno entiende que después de lo que pasó hace una década el asunto es muy sensible. Con todo respeto, no obstante, creo que pedir resultados es normal en cualquier empresa.

Todo el mundo sabe que Colombia está plagada de bandidos por los cuatro costados, así los mamertos digan que vivimos en el paraíso gracias a la paz de Santos.

El narcotráfico tiene arrodillado al país. Nunca en nuestra historia habíamos estado tan anegados de narcos de todos los pelambres. Varios miles de terroristas de las Farc se resistieron a dejar las armas y siguieron en el negocio maldito. Adicionalmente, nadie sabe con certeza cuántas bandas paramilitares hay en el momento. Se sabe sí, en cambio, que todas están dedicadas al envío de cocaína a Estados Unidos y Europa.

Entonces, con todo respeto y consideración, pregunto: ¿es ilícito, un delito de lesa humanidad, combatir con todo a esos narcotraficantes que tienen azotada a Colombia? Yo creo que no y creo también que ahí fue donde al general Martínez se le sacó de contexto.

Desde luego todos los mamertos salieron a poner el grito en el cielo: que los “falsos positivos” estaban de vuelta, que ese fenómeno regresaba porque en el poder estaba el uribista Iván Duque, que si Santos hubiera seguido en la Casa de Nariño no estaríamos hablando del tema. En fin, una cantidad de burradas que los mamertos tuvieron que tragarse.

Nadie entiende por qué a nuestro Ejército mucha gente quiere caerle encima. ¡Insensatos! No entienden o no quieren entender que gracias a nuestros militares y policías tenemos democracia, podemos vivir en libertad y, sobre todo, decir lo que queramos.

Los militares llevan décadas jugándosela por los civiles, aunque nadie niega que muchas veces ha habido errores, muchos de ellos imperdonables.

Mi padre, que siempre tuvo su oficina a un lado del Palacio de Justicia, en el centro de Bogotá, me contó muchas veces el heroísmo con que nuestros militares actuaron en 1985 para evitar que el país cayera en manos del terrorista M-19. Después a los uniformados que nos mantuvieron en la democracia los metieron presos. Eso solo pasa en Colombia.

Ahora la víctima del momento era el general Nicacio, quien contó en el Parlamento con una aguerrida defensora: la senadora Paola Holguín.

Esta valiente política antioqueña hizo una lista interminable de los golpes que durante su carrera les ha propinado a los hampones mi general Martínez. Al final, Holguín concluyó: “Ahora uno entiende por qué lo quieren sacar”.

Finalmente, por el hecho de que las denuncias contra el general Nicacio hayan sido escritas por los diarios más influyentes de Estados Unidos y España, eso no quiere decir que a estas haya que darles el carácter de infalibles. Todos los medios se equivocan, máxime cuando muchos sabemos el nombre de la ONG estadounidense que lleva años y años haciéndoles eco a todos los montajes contra nuestros militares.

Iván Cancino

El Heraldo