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La labor del guardaparque en tiempos del coronavirus

Los pasos firmes sobre el tablado, el sonido de los grillos y la puesta del sol dejan entrever la llegada de la noche y el final de una larga jornada laboral, al calor del fuego las horas empezarán a transcurrir para darle paso a las sombras. Se prepara la leña para encender la chimenea que acompaña las frías y oscuras noches que por estos tiempos de pandemia se entrelazan con la soledad, una combinación precisa para cerrar los ojos y caer en un letargo profundo hasta que la luz vuelva a brillar con los rayos del sol naciente, que despiertan este gran personaje y marcan el inicio de un nuevo día.

Han pasado más de 5 años desde aquel mes de mayo del 2015 en el que Henry Oliver Alegría Idrobo, operario del Parque Nacional Natural Munchique, se levanta cada día sobre las 5:30 de la mañana, cuando los rayos de luz apenas afloran y los colibríes alegran el amanecer con su canto. Allí empieza una nueva aventura, que viene acompañada de una buena taza de aguapanela caliente, necesaria para recargar energías y estar a las 8:00 de la mañana listo, sin falta. Toma la tabla de registros, deja un informe hacia el lugar a dónde se dirige, la labor que va desempeñar y toma camino por la trocha; allí es donde inicia su labor de Guardaparque.

Reconocido personaje

Es fácil reconocerlo por el sector, siempre se le ve efusivo, su característica sonrisa deja entrever el amor que tiene por su oficio. Henry es un hombre de talla alta, por lo que le es imposible pasar desapercibido, es de contextura delgada, piel trigueña; en su caminar pausado se puede ver la experiencia de alguien que conoce el territorio pues, como él mismo lo describe, es “un hombre del campo”. Hace 47 años nació a un paso de lo que ahora es su casa, en el municipio de El Tambo, Cauca.

Primeras labores

Henry camina cada día por el sector de La Romelia, una extensión de territorio que hace parte del Parque Nacional Natural Munchique, en el departamento del Cauca, caracterizado por su alta biodiversidad y sus hermosos paisajes, la vertiente oeste de la cordillera occidental, las montañas verde azuladas cubiertas por selvas andinas y miles de especies que hacen de esta tierra un paraíso lleno de fauna y flora.

Después de recorrer varios kilómetros, llega a su destino; su primera visita del día, saluda y dialoga con las comunidades, se le ve muy enérgico explicando el motivo de su visita, socializa el tema y brinda asesoría, acompaña algunas labores que están dirigidas a los beneficiarios de proyectos de acuerdos de uso, ocupación y tenencia (UOT), establecidos entre el área protegida y la comunidad (los cuales propenden por la búsqueda de un desarrollo local sostenible, que garantice los medios de vida para las poblaciones locales que habitan las áreas protegidas de forma social y ambientalmente sostenible). Luego de terminar su labor, muy juicioso llena su ficha técnica, relaciona todas las actividades realizadas y se despide levantando su mano, situación que se da como medida de prevención por el  covid-19.

Difícil realidad

El virus se ha convertido en una realidad que enfrenta cada día al salir a cumplir sus funciones de guardaparque; la misma realidad de mujeres y hombres que realizan esta importante labor en las áreas protegidas del país. Durante este tiempo, ellos se quedan allí para proteger y conservar la permanencia del medio natural como un aspecto fundamental en el mantenimiento de la diversidad ambiental, cultural y el valor social de la naturaleza, lo que hace posible que el resto del país esté en sus hogares. Hoy, pese a la crisis del coronavirus, el equipo de Parques Nacionales Naturales nos cuida.

Segundo recorrido

Sobre el mediodía, Henry debe continuar con su recorrido, pero esta vez se dirige a un lugar más lejano, su desplazamiento lo hace a bordo de una motocicleta; su tamaño parece perfecto para este vehículo de dos ruedas que lo lleva por trochas y caminos veredales hasta su nuevo compromiso. A lo lejos se ve la finca y como es costumbre los perros ladran al oír la motocicleta. Henry ha quedado de reunirse con una familia perteneciente al proyecto “Conservemos la Vida”, un acuerdo de voluntades firmado por 25 familias que viven en el área con función amortiguadora del Parque Nacional Natural Munchique, cuyo compromiso es conservar el habitat y la vida misma del Oso Andino (Tremarctos ornatus).

La enseñanza de este día está encaminada al respeto de los senderos por donde circula regularmente este majestuoso animal y la reconversión de las actividades productivas. Henry se esfuerza en explicar cómo todas estas acciones coordinadas benefician el ecosistema y permiten disminuir las amenazas sobre la especie; su interlocución con la familia es muy amena, tanto así que lo invitan a pasar a la mesa donde comparten con él los frutos de la cosecha, entre risas, aunque guardando la distancia necesaria, degustan un tradicional sancocho de gallina criolla, algo que le permitirá a Henry recargar energía para el final de la jornada, a la cual aún le falta un recorrido más por hacer y debe estar listo para ello.

Recorrido final

Sobre las tres de la tarde Henry vuelve a la cabaña, es hora de cumplir con el protocolo de seguridad y tomar un baño, durante toda la jornada ha estado expuesto al posible contacto con el virus, por lo que realizar una desinfección es una acción necesaria para continuar con las actividades programadas. Cumpliendo con esto, está listo para realizar los recorridos de Prevención, Vigilancia y Control en el área, un espacio propicio para observar el hermoso paisaje Caucano. 

Nuevamente a pie por el sendero, en compañía del canto de las aves y el sonido de la naturaleza, Henry recuerda cómo eran las cosas antes del aislamiento obligatorio, motivo por el cual recorre hoy el área de manera solitaria.

·        “Yo realizaba acompañamiento a las actividades de investigación y monitoreo de las personas que visitan el área, también acompañaba los procesos de educación ambiental en las escuelas del sector, ahora todo esto está paralizado. No es fácil estar solo y ahí es donde más siento la ausencia de los compañeros y más cuando toca que estar un largo tiempo aislado, pero vale el sacrificio por lo que uno hace, por lo que uno quiere, por eso estoy aquí, cada día”, – precisó –

En el recorrido vamos observando la alta biodiversidad del Parque, sus numerosas quebradas y cascadas de belleza inigualable, las cuales hacen parte de la oferta hídrica del Parque Nacional. Pese al contexto por el covid-19, Henry continúa con sus reflexiones después de una jornada de trabajo.

·        Este es un trabajo muy bueno, muy agradable,  yo soy del campo, pero agradezco porque he conocido más del sector, he aprendido mucho de los investigadores, he conocido en el sector el valor que tiene la naturaleza.

 A su vez, Henry recaló algo muy importante

·        Uno al estar en el campo la mira ahí, pero ya estando en este trabajo, la valora, la quiere, se aprende más, he estado en sectores, he compartido, he aprendido de muchos investigadores que han estado en la zona, de los animales, las plantas, todo lo que hay en el área.

Regreso a casa

Después de una extensa jornada laboral, es hora de volver a casa, el sol cae sobre la copa de los árboles y Henry debe llegar a la cabaña antes de que la oscuridad lo tome lejos, apura su paso y en cuestión de minutos pisa el tablado, ingresa a su casa y se dispone alistar la leña, ha sido un día largo, pero el calor del fuego arrullarán esta noche su sueño para empezar mañana un nuevo día, pero antes de dormir  deja un hermoso mensaje.

·        “Uno tiene que cumplir el deber, ¿cierto?, pero otra cosa es ser conscientes de la importancia de lo que hacemos y realizar las tareas con amor, mientras se den las posibilidades. Yo voy a seguir aquí, dándola toda, porque somos la gente de la conservación”, – Finalizó-.